La Universidad de O’Higgins (UOH) ha planteado un cambio de paradigma fundamental en la educación superior: la inclusión efectiva de estudiantes dentro del Espectro Autista (EA) no depende de la adaptación del alumno al sistema, sino de la transformación de los contextos universitarios. Este enfoque busca derribar las barreras institucionales que históricamente han dificultado la trayectoria académica de las personas neurodivergentes.
El planteamiento surge de la necesidad de transitar desde un modelo de asistencia individual hacia uno de diseño sistémico. Según los especialistas de la UOH, el éxito educativo está directamente ligado a la capacidad de la institución para ofrecer entornos accesibles y predecibles. Esto implica que la universidad debe evolucionar en sus normativas, infraestructuras y metodologías para garantizar que la diversidad no sea un obstáculo, sino una característica integrada en el modelo pedagógico.
Para lograr esta transformación, se propone la implementación del Diseño Universal de Aprendizaje (DUA). Este marco educativo sugiere que los métodos de enseñanza deben ser flexibles desde su origen, permitiendo múltiples formas de representación, acción y expresión. De este modo, los ajustes curriculares dejan de ser una “excepción” para un alumno en particular y se convierten en un estándar de calidad educativa que beneficia a toda la comunidad estudiantil.
Un pilar fundamental en esta estrategia es el trabajo colaborativo a través de la Red de Instituciones Estatales por la Inclusión. Esta alianza permite a universidades de todo Chile compartir protocolos de acompañamiento y buenas prácticas, asegurando que la inclusión sea una política de Estado con estándares comunes. La meta es que el apoyo técnico y profesional sea una garantía permanente, independientemente de la ubicación geográfica del campus.
Finalmente, el desafío trasciende lo académico para instalarse en la dimensión social. La UOH enfatiza que las barreras de comunicación e interacción social son, a menudo, los desafíos más complejos para los estudiantes en el espectro. Por ello, la creación de espacios de convivencia seguros y la capacitación constante de docentes y personal administrativo son pasos críticos para construir comunidades donde la neurodiversidad sea respetada y valorada.
El fortalecimiento de la Red de Universidades Estatales asegura que el acompañamiento a estudiantes con TEA sea consistente y profesionalizado. Mediante el intercambio de experiencias entre instituciones, se establecen protocolos que facilitan la transición a la vida universitaria y la retención estudiantil.
Cualquier proceso de transformación institucional debe considerar la voz de los estudiantes neurodivergentes. La inclusión real se construye escuchando las vivencias de quienes habitan el espectro autista, permitiendo que sus testimonios guíen los ajustes ambientales y sociales necesarios para una educación equitativa.
Con imagen e información de: uoh.cl