De cada diez personas mayores de 60 años en Chile, casi ocho son completamente autovalentes. Así lo revelan los resultados de la 8° Encuesta de Inclusión y Exclusión Social, publicados en enero de 2026 por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA).
El estudio, de alcance nacional, entrega un diagnóstico que contradice los prejuicios sobre la vejez y obliga a replantear las políticas laborales y de gestión de personas, en un país donde el 20% de la población ya pertenece a este grupo etario.
La encuesta confirma que la mayoría de las personas mayores mantiene independencia funcional, tanto física como cognitiva, lo que las posiciona como un segmento activo y productivo. Sin embargo, esta realidad no se refleja en el mercado laboral, donde persisten barreras de entrada asociadas a la edad, sesgos en los procesos de selección y una baja adaptación de los entornos de trabajo.
En un contexto marcado por el envejecimiento acelerado de la población, la caída sostenida de la natalidad y la extensión de la esperanza de vida, la autovalencia emerge como un activo estratégico. Especialistas advierten que ignorar este capital humano no solo profundiza la exclusión etaria, sino que tensiona la sostenibilidad futura del empleo.
Los resultados del estudio coinciden con la promulgación de la Ley Integral de Personas Mayores, publicada el 22 de enero de 2026, cuyo objetivo es garantizar la autonomía, el derecho al trabajo digno y la no discriminación por edad. El marco jurídico establece principios claros, pero su implementación enfrenta desafíos estructurales.
Expertos en envejecimiento activo señalan que, sin ajustes en los modelos de reclutamiento, capacitación continua y rediseño de cargos, el sector público y privado seguirá desaprovechando a este 78% de personas mayores autovalentes, particularmente en roles de mentoría, transferencia de conocimiento y gestión técnica especializada.
La encuesta también evidencia desigualdades geográficas. Mientras en zonas urbanas con acceso a salud preventiva y redes de apoyo comunitario los niveles de autovalencia se mantienen altos, en áreas rurales la falta de servicios básicos acelera el tránsito hacia la dependencia funcional.
Ante este escenario, SENAMA confirmó la extensión del programa “Más AMA” (Autovalencia y Adulto Mayor) durante todo el ciclo 2026, con foco en intervención comunitaria, prevención y fortalecimiento de redes locales, especialmente en territorios con menor cobertura estatal.
Cada punto porcentual de autovalencia representa no solo autonomía personal, sino también experiencia, productividad y cohesión social. Para líderes empresariales y equipos de sostenibilidad, los datos entregados por la encuesta son claros: el envejecimiento poblacional en Chile no constituye una crisis de dependencia, sino un cambio demográfico profundo que exige eliminar sesgos etarios, adaptar entornos laborales y reconocer a las personas mayores como actores clave del desarrollo económico y social.