Cuando en noviembre de 2022 entró en vigencia la Ley 21.275, el ecosistema empresarial chileno reaccionó con una mezcla de escepticismo y preocupación administrativa. La norma exigía algo inédito: que las empresas de 100 o más trabajadores contaran con un “Gestor de Inclusión Laboral” certificado por ChileValora.
Hoy, a mediados de marzo de 2026, el análisis de los datos históricos permite afirmar que esta figura no solo ha sobrevivido, sino que ha sido el catalizador más potente para transformar la “caridad” en “estrategia” dentro de las organizaciones.
En los primeros dos años de vigencia, muchas organizaciones optaron por certificar a un miembro de Recursos Humanos que ya tenía múltiples funciones. Sin embargo, informes de la Red de Empresas Inclusivas (ReIN) de SOFOFA y estudios de la Universidad de Chile (2024-2025) revelaron que aquellas empresas que profesionalizaron el cargo, dándole autonomía y presupuesto, lograron resultados radicalmente superiores.
El gestor de inclusión ya no es un “llenador de formularios” para la Dirección del Trabajo; se ha convertido en un arquitecto organizacional que diseña procesos de selección sin sesgos y entornos de trabajo accesibles.
Una de las métricas más reveladoras es la tasa de retención. Según datos cruzados entre la Dirección del Trabajo (DT) y organismos técnicos de capacitación, las empresas con gestores dedicados han reducido la rotación de personal con discapacidad en un 25% anual. Esto se explica por la implementación del “ajuste razonable” no como una reacción a una queja, sino como un diseño preventivo.
El gestor es quien evalúa si el software de la empresa es compatible con lectores de pantalla, si la iluminación es adecuada para personas neurodivergentes o si los procesos de evacuación en caso de emergencia consideran a todos los colaboradores, independientemente de su movilidad o condición sensorial.
Capacitación: El pilar invisible de la ley
La Ley 21.275 también obliga a las empresas a ejecutar un Plan de Capacitación anual en materia de inclusión. Durante el ciclo 2023-2024, estas capacitaciones solían ser charlas generales de sensibilización que apenas rozaban la superficie del problema. No obstante, para marzo de 2026, observamos una sofisticación notable.
Las empresas líderes están capacitando a sus mandos medios en “Liderazgo Inclusivo” y “Detección de Sesgos Inconscientes”. La fiscalización de la DT, citando fuentes del Ministerio del Trabajo, ahora apunta a la calidad de estos planes: ya no se acepta cualquier charla grabada; se buscan contenidos que impacten en la toma diaria de decisiones y que fomenten una cultura de respeto.
Desafíos y la brecha de la “clase media” empresarial
A pesar del éxito en las grandes corporaciones, el análisis histórico también revela una brecha preocupante en las empresas medianas. Existe una “clase media” de empresas que aún ve al gestor como un requisito legal engorroso y no como una ventaja competitiva. El riesgo de la “tokenización” —tener al gestor solo para cumplir la foto del reporte— sigue presente en sectores menos dinámicos.
Además, la certificación de ChileValora, aunque robusta, enfrenta el desafío de actualizarse periódicamente para incluir nuevas realidades como la neurodiversidad avanzada y el uso de inteligencia artificial en la accesibilidad.
Hacia el futuro: La inclusión como pilar de sostenibilidad
En conclusión, la Ley 21.275 ha logrado que la inclusión deje de ser un tema de “Responsabilidad Social” para ser un tema de “Operaciones y Personas”. El gestor de inclusión es hoy el puente necesario entre la letra fría de la ley y la realidad humana de la oficina o la planta.
Sin su figura, la Ley 21.015 (la de la cuota del 1%) habría sido solo un número en una planilla de Excel; con ellos, es una cultura en construcción que ya empieza a mostrar frutos en la productividad, el clima laboral y la reputación de las empresas chilenas.
El desafío para el próximo trienio es que la figura del gestor sea obligatoria también para el sector público y para empresas de menor tamaño, democratizando el acceso a entornos laborales verdaderamente inclusivos.